Posteado por: bertus rai | 6 agosto, 2011

Las Gaviotas

¿Se puede amar una playa?…, creo que si, al menos como amamos un paisaje que forma parte de nosotros mismos, de nuestra vida, nuestra historia y de nuestro tiempo, es un sentimiento intenso que solo valoramos de verdad cuando nos falta.  Algo así me está sucediendo este verano, después de 25 años de disfrutar de la playa de Las Gaviotas en verano, absurdamente, la playa, junto con otras más de Tenerife ha sido clausurada por riesgo de desprendimientos.

 Cretinos incompetentes, políticos y gobernantes locales, que como Pilatos se lavan las manos ante un problema o una situación que existe desde siempre y que nunca antes les había preocupado. Para colmo ahora que no hay dinero se reclaman competencias y otras zarandajas para justificar esta tremenda medida y que no tiene solución a medio plazo.

Las Gaviotas es una pequeña cala de arena negra a unos pocos kilómetros al norte de Santa Cruz de Tenerife, donde comienza Anaga, un macizo volcánico de escarpados barrancos y una belleza sobrecogedora todavía no domesticada por la mano humana. Una playa familiar, con ambiente local y de afortunados turistas que la descubren accidentalmente o bien recomendados.

Tumbado en la orilla cual ballena varada, mientras las olas acarician mi piel, soy consciente de que estoy de vacaciones. Mis hijos han crecido jugando con su arena y sus olas, y yo me he hecho mayor, he compartido secretos, pasiones y preocupaciones con el sol, el mar y su arena, y con los buenos amigos que han compartido esos momentos.

Las mareas y la fuerza de las olas, la intensidad del sol, su público, habitual o no, nudista o no, hacen que ningún día sea igual a otro. Para colmo el quiosco de Charly puede que sea uno de los chiringos de playa más peculiares, difícil de describir en pocas palabras, pero espero que cuando sea que se reabra la playa, Charly siga allí, con su mujer barriendo la arena de la playa de la terraza y su hijo tomando el relevo del negocio. Tomar una cerveza fría sentado en la terraza observando la playa, con la familia, solo o con amigos, antes de ir a comer a casa, era un auténtico privilegio.

Este verano es muy distinto sin ir cada día, o casi, a Las Gaviotas. Pero lo peor es una pequeña punzada de melancolía que me inunda cuando recuerdo imágenes o momentos vividos allí. La vista de la playa totalmente vacía desde el mirador de la carretera me sigue pareciendo increíble, espero que cuando regrese de las vacaciones ese vacío ya no sea tan perceptible.

Es un verano raro, complicado, de vacaciones a medio gas por la crisis y las catástrofes humanas que se están dando. Hoy volvió la gente a Sol, entre tanto los canallas seguirán ganando dinero a costa de la muerte del planeta.

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